sábado, 1 de febrero de 2014

En mis sueños



En mi mundo de los sueños tengo una casa de piedra con tres pisos y una gran azotea, desde la que se ven los bosques y las montañas.
 Y vivo con hombres a los que amo profundamente, quiero como hermanos y confío en ellos como amigos, no necesito ser infiel, ni sufrir innecesariamente por los celos.
En mi mundo de los sueños cuando un gato se queda encerrado en un garaje, los vecinos del inmueble no paran hasta rescatarle haciéndole libre, aunque hubiesen acabado de acostarse colmados de cansancio.
Y muchos desconocidos me llaman para que yo expulse a sus demonios, levantando la mano derecha frente a sus caras y diciendo: Alahu Ahbar, y a la tercera o cuarta vez el demonio se va, el ser inocente queda libre.
En mi mundo de los sueños, sé que sueño, por eso puedo montarme en el autobús y decirles a los que van montados a mi lado: "Vosotros vais montados en mi sueño, yo os he creado, formáis parte de mi sueño" Y me entienden y les entiendo aunque hablemos distintas lenguas, porque así es el mundo de mis sueños.
Pero anoche, cuando monté en el autobús y les dije que yo estaba soñando y les había creado, parecieron extrañados. Una mujer de pelo largo y rubio, cogido en una coleta, con un abrigo de color tostado y una mochila al hombro me dijo que puede que yo estuviera soñando, sí, pero ellos no eran creaciones mías sino reales. Me invitó a bajar del autobus y a dar una vuelta:
 -Fíjate bien en todo lo que veas, y cuando te despiertes busca información sobre ello. Verás como existe en realidad.
Caminábamos por amplias calles, rodeadas de parques, que parecían diseñadas para conductores, no para peatones. Había una sensación de frío, de silencio, y respetuoso distanciamiento entre los peatones. Los letreros eran confusos y me esforcé por recordar un rótulo sobre una puerta amplia: Althotel, o Hotel Alt o algo así. Pensé:" Mañana lo buscaré en Google". Luego entramos en un edificio enorme y blanco que pensé sería un hospital, pero no, era una escuela. Por las caras de la gente y por su físico sentí que aquel era el norte de Europa, Suecia, Finlandia, algo así. Luego caí en un verdadero sueño y no recuerdo más. Pero esto me dejó intrigada y fui al ordenador y leí: Alt hotel, Montreal.
Estas son cosas raras que son normales en los sueños. Aunque a veces trozos del sueño salen a la realidad, lo cual es aún más raro.
 El otro día, por ejemplo, cuando bajé a sacar la basura ya eran las dos menos cuarto de la madrugada. Suelo sacarla antes, o al día siguiente muy temprano, pero, no recuerdo por qué razón tenía que sacarla a esa hora extraña. La calle nocturna se hallaba silenciosa y vacía y allá al fondo, cerca de la esquina, junto a una tienda que lleva ya años abandonada, una figura negra en la distancia permanecía quieta, parada mirando hacia la parte de la calle donde estaba yo. Era la figura de un hombre, por su silueta en vaqueros arrugados, cazadora vieja y las rodillas un poco flexionadas, como de alguien muy cansado. Las manos le caían flojas a ambos lados del cuerpo. Y lo raro es que no se movía nada, quiero decir, absolutamente nada. Quiero decir, aquella quietud, aquella negrura, a aquellas horas, daba miedo. Cuando entraba de nuevo en el portal, aquel ser seguía allí, inmóvil, como esperando ¿qué? Al acostarme pensé en ello y en la tienda de al lado. Ese negocio lleva tanto cerrado que ya recuerdo ni qué se vendía allí.
Curiosamente cuando mi hijo pasa al lado, nunca le he dejado que se pare, o que suba y baje los dos o tres escalones de la puerta. Es un sitio que, decididamente, nunca me ha gustado. Esta coincidencia me desconcierta y no quiero pensar más en ello.
Pero yo ya he visto antes a estas figuras que miran, absolutamente inmóviles.
En mi mundo de los sueños, no son siluetas negras, tienen cara y actitud, pero sí que están muy quietos, como vigilando. De hecho, yo los llamo así "los vigilantes". Pero en realidad, no estoy segura de lo que hacen. Una limpiadora de almas a la que se lo comenté se rio de mi ignorancia; ella los cree esperadores de almas que navegan en sueños. Aguardan la ocasión de pegarse a un alma para habitar un nuevo cuerpo. Esto me volvió a desconcertar. Cuando algo me sorprende mucho, no me gusta. Me molestan las sorpresas; producen inquietud, y por tanto, angustia, y por tanto bajan la vibración de la energía, o incluso la dilapidan sin sentido. La sorpresa me deja tensa y sin recursos, por eso la sorteo, como un torero al astado con el capote.
En mi mundo de los sueños, también caben los mundos de los sueños de los otros.

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