Como si su humanidad hubiera quedado aniquilada, algunas almas que cometen actos despreciables viven para infligir a otras el infierno que llevan dentro. En tales casos, el infierno interior para ellas no es otra cosa que la certeza de que el amor no existe, y que el poder sólo puede obtenerse causando sufrimiento a los demás.
Nuestro propio infierno interior puede ser una inseguridad e inflexibilidad que nos mantenga impermeables al amor. El infierno puede vivirse como un sentimiento inabarcable de codicia, lujuria, envidia, paranoia, enfermedad mental, miedo, rabia, autodesprecio, obsesión o soberbia.
El infierno es oscuro y pesado, frío, ilimitado, y en él reinan la soledad y la desesperanza.
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