Cada dos de febrero son muchos los pueblos de España que, desde tiempo inmemorial acuden a la Virgen de la Candelaria para la bendición de velas que no se emplearán en la iluminación del hogar a falta de energía eléctrica.
Esta fiesta católica tiene sus orígenes en la consagración que los paganos hacían del mes de febrero a los dioses de las profundidades terrestres. Este antiguísimo rito lustral pagano, el de la Catarsis, se celebraba con antorchas, destinadas a espantar a los espíritus de las tinieblas. Así es como griegos y romanos conmemoraban la búsqueda nocturna, realizada por Démeter o Ceres, de su hija Perséfone o Proserpina, después de ser raptada por Hades o Plutón y llevada a los infiernos. En su conmemoración cada dos de febrero, las gentes de la Antigüedad clásica se echaban multitudinariamente a la calle para buscar en las oscuridades de la noche a sus eventuales proserpinas.
Pero aquellos ritos, amparados por las tinieblas nocturnas, terminaron desembocando en toda clase de excesos. La Iglesia, como no lograba erradicar esta festividad pagana, decidió consagrar a la Virgen la procesión de las candelas. Fue el Papa Gelasio I, a finales del s.V quien acabó por crear en la misma fecha la fiesta "tres en una": La Purificación de la Virgen, la Presentación de Jesús en el templo, y, claro, la Candelaria.
Para los celtas esta fecha era el de la fiesta Imbolc, que significaba "en el vientre" puesto que era el momento en que la semilla se hallaba en crecimiento dentro del vientre de la tierra. Se dedicaba a la diosa Brigid que luego se cristianizó con el nombre de Santa Brígida. Es la diosa relacionada con los nacimientos, y los embarazos, de hecho por estas fechas se producen los primeros nacimientos de corderitos en el año. Es por tanto un símbolo de renovación, de potencia y de pureza.

No hay comentarios:
Publicar un comentario